Es la escuela donde los alumnos adquieren la oralidad
formal, la marcada por la sociedad como correcta para que posteriormente se
pueda desenvolver en ella de la mejor manera, acerca a los alumnos a la
práctica social del lenguaje desde un enfoque más formal, diversificando el
bagaje lingüístico y cultural de los alumnos.
El papel del docente en este proceso es fundamental, ya
que nuestra medición permitirá desarrollar o inhibir esta capacidad en los
alumnos, es nuestra responsabilidad permitir a los alumnos explorar sus
posibilidades con la expresión oral, a pesar de que parece una odisea, es
posible si se inicia desde los primeros años de escolaridad.
Cuando un docente se preocupa porque sus alumnos
compartan y expresen sus vivencias dentro del aula, debe poner en práctica
ciertos lineamientos de trabajo para que
las participaciones sean efectivas y no se divague en otros asuntos que no aporten suficiente a lo que se está abordande en el aula, además
es necesario que creemos el clima de confianza en el aula para que el alumno se
sienta con la libertad de expresarse oralmente.
Es también parte del papel del docente proponer
actividades que permitan a los alumnos
hacer intercambios orales para poder regularse y compartir sus experiencias a
la vez de ir desarrollando la competencia lingüística y el conocimiento. En mi
caso, todas las asignaturas en conocimientos previos requieren la participación
de los alumnos de manera oral, y en el trabajo de la adquisición de la lectura
y la escritura, es preponderante el trabajo oral, tanto del alumno como del
docente.
Por otra parte los materiales deben ser apegados al
contexto de los alumnos para desarrollar su capacidad de creatividad, o
facilitar su participación oral, la imágenes para descripciones ayudan, las
situaciones que se parezcan a las que ellos viven comúnmente en sus hogares les
permiten compartir con sus compañeros.
El papel que le otorgo a los alumnos es central, ya que
es a partir de lo que ellos conocen y
comparten que se inician las situaciones didácticas que se planifican, aún
cuando ya se están desarrollando las sesiones, el papel del alumno en el principal
ya que mediante su participación directa van accediendo al conocimiento de la
lengua formal, oral y escrita y para ello necesitan desarrollar primero la
oralidad para luego poder plasmarla por escrita y hacer ese intercambio de
información y construcción del conocimiento que se requiere en todas las
asignaturas.
En las planificaciones que se ocupan en el aula es de
vital importancia retomar la participación de los alumnos, en los proyectos se
ve la expresión oral tanto de los alumnos como de los docentes, al leer
cuentos, contar historias, al rescatar las experiencias de los alumnos, al
pedirles que lean algo, al platicar con sus compañeros, al desarrollar las
situaciones mismas, como por ejemplo en el trabajo con la tiendita, ellos deben
reproducir de manera oral las prácticas sociales del lenguaje.
En conclusión la oralidad debe ser un eje rector del
trabajo en el aula no solo en el primer ciclo de la educación primaria sino a
lo largo de la escolaridad y fuera de ella, ya que es mediante los intercambios
orales que los alumnos pueden satisfacer la mayoría de sus necesidades básicas.
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